Cuando redactamos un contrato, sea éste de la naturaleza que sea, uno de los puntos más importantes (y generalmente conflictivos) es el de determinar y acordar las consecuencias de su eventual incumplimiento por cualquiera de las partes (penalidades, compensaciones, daños y perjuicios, etc).

Ello es debido a que las partes de un contrato pueden optar por no cumplir con aquello con lo que se han comprometido tras la firma del acuerdo, bien por su propia voluntad o bien por imposibilidad causada por fuerza mayor.

Imaginemos ahora que pudiéramos redactar un contrato cuyas condiciones (al menos algunas de ellas) se cumplieran de manera automática e independientemente de la voluntad de las partes firmantes. En otras palabras, un contrato que fuera de imposible incumplimiento.

Ese contrato, al igual que “Skynet” en la película Terminator 2, tomará conciencia de sí mismo y se ejecutara de manera automática sin que pueda darse opción a que ninguna de las partes de que pueda incumplirlo. Y no nos estamos refiriendo a establecer penalidades tan desorbitadas que hagan impensable el incumplimiento, sino a que, aunque la parte estuviera dispuesta a asumir la penalidad, no pudiera en la práctica incumplirlo.

Pues bien, dichos contratos existen y ya han empezado a demostrar su eficacia en según qué sectores. Son los conocidos como SMART CONTRACTS o Contratos Inteligentes.

Podríamos definir SMART CONTRACT como una herramienta que permite la ejecución automatizada de aquellos parámetros objetivos de un contrato, de manera autónoma.

En realidad y como hemos subrayado, un SMART CONTRACT no es un contrato en sí mismo, sino la herramienta que permite la ejecución automática de los parámetros objetivos del mismo, como pudieran ser la satisfacción de los pagos aplazados, el reparto automatizado de beneficios, etc.

Todo ello es posible gracias a la tecnología de la cadena de bloques o “blockchain”. Pese a que analizaremos las implicaciones jurídicas de dicha tecnología en otra entrada, para el lector menos vinculado a las novedades tecnológicas, baste con saber que la cadena de bloques es el “cuaderno contable” descentralizado en el que se sustentan las criptodivisas (bitcoin, ethereum, etc).

En dicho cuaderno contable es posible “adosar” SMART CONTRACTS con las instrucciones específicas para la ejecución automática de sus términos objetivos. La blockchain se encarga de ejecutar dichos términos una vez incorporados de manera automática

Recientemente, los SMART CONTRACTS han sufrido un avance importantísimo con la utilización de la blockchain de Ethereum (red cuya criptodivisa funcional es el Ether, (criptodivisa similar a Bitcoin) que ha facilitado, entre otras muchas cosas, la proliferación de sistemas de crowd investment basados en Smart Contracts.

La aplicación de los Smart Contracts ha sufrido un avance importantísimo con el nacimiento de las ICO (Initial Coin Offering) a las que dedicaremos la próxima entrada, a fin de analizar sus implicaciones jurídicas.